El Código Secreto para Ser un Dandy

Podría malgastar horas y horas, páginas y páginas, esfuerzo sobre esfuerzo, intentando ilustrar al mundo acerca de esa cualidad innata de la elegancia que parece no esforzarse o sobre el ingenio chispeante, o sobre cualquiera otra de las calidades y cualidades que, como puntas de lanza de este arte reservado a unos pocos, hieren la pacatería y sensibilidad de tantos y tantos, pero parece que a pesar de todos los esfuerzos que pueda hacer, lo que queda en el brutal vulgo que nos rodea es que el dandismo no es más que apariencia, que se caracteriza por el indescriptible efecto que causa la apariencia externa del Dandy en el espectador.

El allure francés, la sprezzatura italiana, el it inglés o el aquello español, con el que se nace o no. La magia del dandismo reside en la relación estrecha entre el temperamento del Dandy y su apariencia. No es una cuestión de simple armonía, puesto que un Dandy puede combinar ropas serias con una conducta graciosa, mientras que otro sabe encajar una fría indiferencia con un atuendo colorido y audaz.

No obstante, me propongo describir lo indescriptible, revelar la piedra filosofal que transmute el plomo vulgar en el oro del dandismo. Para ello, tengamos en cuenta que el término dandismo es utilizado frecuente y equivocadamente como afectación.

En la Inglaterra de la Regencia, el dandismo llegó a ser una pose de moda cuando algunos hombres quisieron imitar a Brummell sin tener su originalidad en el vestir o su tan particular temperamento. Y aunque Brummell seguramente usó su carácter para causar efecto en la alta sociedad, éste ya se hallaba presente cuando era estudiante en Eton y se distinguía como “la mayor y más delicada mezcla de impertinencia y respeto”.

La diferencia entre el Dandy genuino y el arribista o snob (sine nobilitatis), puede verse de forma clara en la obra de Stendhal, “Rojo y Negro”, cuando el príncipe Korasoff le dice a Julián Sorel, “Tiene usted esa frialdad natural que los demás intentamos tan afanosamente afectar”. Así, para aquellos que habéis nacido sin el aquello que es natural a un Dandy, esta disección de su temperamento podrá serviros como guía si seguís queriendo adoptar esa pose.

Uno a uno, los dandies más famosos a través de los tiempos han enfatizado algunas de estas cualidades sobre otras, pero es fundamental tener en cuenta que todas ellas deben estar presentes en mayor o menor grado en vosotros para alcanzar la gloria.

Amigos, amigas, aquí están las cualidades que conforman la anatomía espiritual del Dandy, listadas en orden de importancia:

Distinción: El dandismo, como el arte pictórico, sólo puede ser admirado en un lienzo apropiado. Es imposible tener una figura de Dandy si no eres alto, esbelto y agradable. O tener al menos una de estas características más preeminente que las otras dos. Fred Astaire no era alto o agraciado, pero era tan delgado que “podías escupir a través de él”. El conde D’Orsay, por supuesto, tenía las tres cualidades en el más alto grado.

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